martes, 4 de junio de 2013

Efectos de la meditación en el cerebro

Efectos de la meditación en el cerebro


El autocontrol de las emociones y la meditación permiten al cerebro respaldar la labor del aprendizaje.
Durante la meditación:
Lóbulo frontal: se activa la parte izquierda, aumentando la concentración y la sensación de calma y felicidad.
Lóbulo parietal: disminuye la percepción de la separación entre cuerpo y entorno, generando la sensación de comunión con lo que nos rodea.
Hipotálamo: disminuye el ritmo de la respiración y el bombeo del corazón. Alimenta la serotonina, molécula que nos hace sentir animados.
Sistema límbico: Disminuye la actividad de la amígdala anulando el miedo. Alimentan las endorfinas, que proporcionan placer.
Diferentes estudios han demostrado que, mediante estas emociones positivas, la mente logra disminuir la ansiedad y el miedo y aumenta la sensación de placer y felicidad.
Así como acudimos a un gimnasio para mejorar el estado físico, podríamos, mediante ciertos ejercicios, mejorar nuestra salud mental.
La meditación en cuanto que arte de purificar la mente y acercarse a la conciencia trascendente es al mismo tiempo un medio y un fin.

Ninguna actividad más idónea para el desarrollo del séptimo chakra que la meditación... Por medio de la meditación vamos desintonizando gradualmente el mundo exterior y cultivando la sensibilidad para con lo interior.

Y con esa sensibilidad podemos entrar en el punto de singularidad que conecta todas las cosas.
Mediante la armonización entre el cuerpo, la respiración y el pensamiento, uno puede, en cierto sentido, alinear las “galerías cósmicas”, poner en línea los chakras, y percibir la esencia unificadora de toda creación.

Pero esta alineación no sería un ajuste físico de la realidad, sino mejor la aprehensión de la unidad preexistente.
Una vez alcanzado este entendimiento se produce de manera natural y automática el reajuste de todos los demás planos que quizá se habían salido de fase.

Pero, ¿qué hace exactamente la meditación? ¿Cuáles son sus efectos fisiológicos, sus estados psicológicos y las ventajas resultantes? ¿Y cómo tiene valor esta práctica tan extraña que consiste en no hacer nada?

Efectos cerebrales El resultado más notable de los estudios acerca de la meditación parece hallarse en los encefalogramas de las formas de onda cerebrales.
En el estado normal de la conciencia de vigilia estas ondas parecen seguir pautas aleatorias y caóticas, hallándose más comúnmente en la frecuencia beta.

Posiblemente cada hemisferio cerebral emite en longitudes de onda distintas, y quizá existan otras diferencias entre la parte frontal y la región posterior.
Todo esto se modifica durante la meditación en grado espectacular.
Tan pronto como da comienzo la sesión, el sujeto muestra un gran aumento de la actividad alfa (ondas cerebrales características del estado mental relajado), empezando por la parte posterior del cerebro y propagándose hacia delante. Al cabo de pocos minutos aumenta la amplitud de esas ondas alfa.

La parte posterior del cerebro y la anterior se han sincronizado y puesto en fase, lo mismo que los hemisferios derecho e izquierdo.
Esta resonancia prosigue, y aparece en muchos casos una actividad theta (un estado más profundo que el alfa), especialmente en los más habituados a estas prácticas.

Los meditadores avanzados con frecuencia presentan actividad alfa incluso durante el estado ordinario de vigilia, y de gran amplitud, además.
En estos sujetos también se halló más a menudo el estado theta, a veces también en estado de vigilia.

Efectos fisiológicos La absorción de oxígeno disminuye en un 16 a 18 por ciento, el ritmo cardiaco se reduce en un 25 por ciento y también baja la tensión sanguínea, funciones todas éstas controladas por el sistema nervioso autónomo, el que preside los procesos involuntarios.

El efecto combinado de estas disminuciones consiste, esencialmente, en que el organismo entra en un estado como de reposo profundo, incluso más que durante el sueño normal.
Ese reposo del cuerpo confiere mayor lucidez a la conciencia despierta... mientras el organismo disminuye todas sus actividades, la mente se libera, en esencia, de las limitaciones del organismo y queda libre para expandirse hacia nuevos horizontes.

Se ha sugerido que la meditación desestimula el córtex cerebral y el sistema límbico y que la resonancia de las ondas cerebrales supera la división entre el cerebro primitivo y el neocórtex.

De acuerdo con algunas teorías, tal división es el origen de los estados emocionales alienados y del comportamiento esquizoide, que parece específico de los humanos, ya que no se encuentra en los animales.

Una mejor coordinación entre los dos hemisferios tal vez explicaría también el mejoramiento de las facultades cognitivas y de la percepción.
Efectos psicológicos Aparte de la sensación general de relajación, paz interior y bienestar, se ha manifestado en los meditadores un mejor rendimiento durante los estudios, mayor satisfacción y productividad, disminución del consumo de drogas (tanto de las de receta como las de búsqueda de sensaciones) y reacciones más rápidas.

Frente a estas pruebas, resulta difícil negar la evidencia de las grandes ventajas de la meditación. ¿Quién no desea mejorar la salud, animarse y aumentar su propio rendimiento? Y todo esto a cambio de una práctica que no cuesta ningún dinero, no precisa ningún equipamiento y puede realizarse en cualquier parte... Las diversas técnicas La meditación tiene tantas técnicas como meditadores.

Por mi parte sugiero que no está de más ensayarlas todas en uno u otro momento, si se presenta la ocasión; esa experiencia nos servirá para adoptar la que nos sirva mejor, aunque quizá modificándola un poco.

Una vez hallada, sin embargo, conviene perseverar en ella durante algún tiempo, ya que las prácticas de meditación requieren constancia para manifestar plenamente sus resultados (mínimo un año). Hay que buscar un ambiente tranquilo y confortable, ya que es importante no ser molestado...

En la mayoría de los casos se realiza la meditación estando cómodamente sentado, con la espalda recta pero no tensa... el cuerpo debe estar en una posición de bajo consumo de energía, de manera que pueda relajarse, pero no tan cómodo que caiga uno dormido.


En esta postura pueden hacerse muchas cosas: atender al ritmo de la respiración para sintonizar con él, contemplar un mandala o la llama de una vela o cualquier otro estímulo visual adecuado... o sencillamente quedarse contemplando el desfile de los propios pensamientos, sin tratar de seguirlos, no de detenerlos, ni de juzgarlos.

La separación entre el yo y los pensamientos ayuda a conseguir el estado de trascendencia. Si queremos seguir la técnica de la Meditación Trascendental, hay que retirar interiormente un mantra y fijar la mente en sus vibraciones, que resuenan a través de uno. Así se armonizan los estados vibracionales.

Si queremos practicar Meditación Vipassana tenemos que prestar atención a las sensaciones corporales, de arriba abajo y de regreso, parte por parte... También podemos contemplar nuestros estados emotivos y tomar distancia con respecto a ellos, visualizar diversos colores al paso por nuestros chakras o dedicar tiempo a preguntarnos quién es el que medita...

El rasgo común de todas estas modalidades es que procuran fijar la mente en una sola cosa. Bajo las condiciones normales de conciencia de vigilia, la mente suele revolotear de una cuestión a otra en todo momento.

La unidad de propósito mental es el objetivo mismo de cualquier meditación. Todas estas técnicas, trátese de un sonido, un objeto o una sensación, tratan de suministrar un instrumento para enfocar la mente y apartarla de su funcionamiento habitual, del torrente de la conciencia febril y caótica.

Es difícil comparar los métodos entre sí para formar un juicio de valor. Las diferentes técnicas afectan de diferentes maneras a distintas personas. No importa cuál de ellas utilicemos, sino que nos sirva bien. Con todas ellas, la repetición y la concentración acaban surtiendo sus efectos al cabo de algún tiempo.

Se trata de una disciplina, y como sucede con todas las disciplinas, la práctica hace al maestro. Disciplina o placer La verdadera meditación es un estado de la mente y no un esfuerzo. Alcanzando tal estado en más de una ocasión, este mismo estado empieza a crear sus propios ritmos sostenidos, su propio campo morfogenético y sus efectos propios sobre las vibraciones que nos rodean.

De esta manera acaba por convertirse en parte integrante de la vida, nos acompaña durante las horas de conciencia de vigilia, en el sueño y en todas las demás actividades. Llegados a este punto, la meditación se convierte en un placer, no una disciplina, e impone su propia validación.

Hasta que esto se produzca, sin embargo, no podemos sino describir sus efectos y confiar en que la curiosidad venga en apoyo de la voluntad. MM

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