viernes, 20 de noviembre de 2015

No culpemos a Nadie.



No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tu has hecho tu vida.
Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar, corrigiendote.
El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.
Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo lugar supieron vencer; las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o la fortaleza de tu corazón.

Aprende a convertir toda situación difícil en un arma para luchar.  No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte; enfréntate con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos. 
 No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro.
Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar: deja de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso; si tu has sido el ignorante, el irresponsable, nadie pudo haberlo sido por ti.   

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado como la causa de tu futuro es tu presente.
Aprende de los audaces, de los fuertes; imita a los enérgicos, a los vencedores, a quienes vencieron a pesar de todo.  Piensa menos en tus problemas y mas en lo que amas y tus problemas, sin aliento, morirán.
Aprende a nacer desde el dolor y a ser aun mas grande.  Mírate en el espejo de ti mismo y comienza a ser sincero contigo mismo, reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte.
Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo, reconociéndote a ti mismo mas libre y mas fuerte.  

Dejaras de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino y nadie puede sustituirte en la construcción de tu propio destino.
¡ Levántate y mira por las mañanas y respira la luz del amanecer!
Tu eres parte de la  fuerza de la vida.  Ahora despierta, camina, lucha.  

Decídete y triunfaras.
Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados. 

Pablo Neruda.
                                                                                 NAMASTE

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